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En caravana

Primera sensación:

Sentías el olor a plástico húmedo en el filo de la nariz. Lo sentías nítidamente cayendo hacia tus labios y, en una primera inspiración de reconciliación con el mundo, lo sentías hasta colarse en tu boca. Era, éste, el preciso momento de abrir el toldo o avance que se encontraba delante de la caravana. Vacaciones de clase media-baja, viviendo ajenos aún a ese eslogan ficticio de “por encima de nuestras posibilidades.”

Segunda sensación:

Las albóndigas del tupperware. Las patatas fritas blandas, previamente cocinadas en casa. Esos guisantes perdidos entre salsa que, con dedicación y precisión de cirujano, ibas apartando de tu vista. El plato y el vaso, ambos de plástico duro, y rugosos. Ese olor, otra vez, a plástico nacional, aún no de importación de China. La cantimplora metálica, y el agua fresca con sabor a ricos metales. Comida sin tele, y conversación de las rutinas del día sobre una mesa coja, con algún punto perdido de fuga.

Tercera sensación:

La bicicleta rodando por el chinarro, levantando a cada pedalada pequeñas piedras grises que tropiezan alocadamente contra tus zapatillas de lona. En otras ocasiones, cuando regresabas de la playa, esas mismas piedras golpeaban contra tus chanclas y tu pie desnudo. El sabor del aire a tomate, mientras te acercabas por la carretera a una extensa plantación. El color cobrizo de las minas en el horizonte. La infancia retratada a cada instante.

Cuarta sensación:

La litera. El techo bajo, y esa extraña seguridad y cobijo que proporciona el espacio limitado, junto a tu familia. La respiración cercana de tu hermana. Los ronquidos de papá. Los sueños, entrecortados, de mamá. El rumor de las olas del mar y el silencio de la naturaleza viva a tu alrededor. Muchachos que jugaban a las cartas, y parejas recién casadas iniciándose, entre jadeos, en la nueva aventura de la caravana.

Oscuridad.

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Poemas, quizá, para un insomne (II)

DETRÁS DE LA AUSENCIA

Tallo palabras en tu aliento de seda

Y en su reverso inasible me yergo

Como la torre de Hércules.

Apoltronado sobre la tumba

De tus pensamientos decido

Lanzar los dados

Que conducen mi destino;

Un destino que destiñe

Quemándose en ese Bosque de Ideas

Que es mi SER.

Y, ¿sólo faltas tú? No creo estar seguro.

UNO

Hay frases que se caen sobre tus senos

como arrojadas en un océano de nada

Siempre que te vas

puedo leer en tus labios

lo que aún no te he dicho,

lo que tu corazón espera oír,

para dejarse llevar por la calidez del momento

Constantemente buscas en mí

algo que ya te dieron (algo anciano y trasnochado)

Yo, sin embargo, solo me dejo arrastrar

por la turbulencia de esos minutos

que creo sueños,

y luego plasmo en realidades

Tú y yo somos tan distintos

que, a veces, tras besar las yemas de nuestros dedos

-alejadas en los polos-

nos dejamos mecer en un mar de dudas cadavéricas

No somos mas que virutas de sueños

perdidas en un desierto,

en el que reinventamos el verbo amar

transformándolo en músculo y pellejo

Aún así

cuando te tengo,

cuando te amo,

cuando hemos conseguido construir

nuestro pequeño espacio en el mundo,

-alejado de voces extrañas-

aún así,

sigo dejando caer palabras sobre tus senos

que al rozarte se convierten en un océano de nada

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Poemas, quizá, para un insomne

MADRIGUERA DE MADRUGADA

Los pájaros

de la muerte

con su plumaje negro

su pico anaranjado

y su sutil graznido agujereante

velan mis noches etílicas

Extraños

paseos nocturnos

donde, a menudo,

llegar a casa

se convierte en una proeza

CONSTRUCCIONES

 Nacen y…

Se caen solas

van cayendo

por su propio peso (o empujadas)

Una a una

hasta formar

una letra (a)

una palabra

una frase (exclamativa)

un párrafo

un escrito

Suben

van subiendo

hasta llegar

a quien las lee (e)

descodifica

e interpreta en forma de significado

Así mueren…

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