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Es el momento de leer

   No es un momento cualquiera. Tampoco el más ni el menos importante del día. Es, simplemente, un momento más en las rutinas de diario. En algunos casos (o, más bien, en algunas casas) incluso llega a alcanzar el estatus de el momento. Es mi caso, no pretendo engañar a nadie. Este post está escrito desde la experiencia. En una rotunda primera persona. Nada de terceros. Desde la barriga, vamos. Y ahí voy, al estómago, a la barriga. Y al intelecto, al cerebro. Piénsenlo bien, les guste o no, lo quiera o no eso que llaman convención social, estamos interconectados en un perfecto recorrido corporal que va desde el dedo meñique de su pie hasta su corteza craneal. A ver, sino, porque creen que muchas veces decimos que escribimos con el estómago… Esa frase tiene su razón de ser: existe con una base estomacal. Por cierto, una recomendación antes de seguir leyendo: tiquismiquis y señoritos o señoritas que no hacen caca, absténgase. Porque este post va a la línea de flotación del asunto (y que cada uno construya su propia imagen mental).

   Pero vayamos al grano. Creo que merece la pena detenerse en lo que a continuación les propongo: Lecturas para el baño. Para el que conoceremos, desde ahora, como el momento (reconozco que siempre he sido fiel seguidor de la corriente comunicativa Special K). Pretendo ofrecerles un recomendable abanico de posibilidades para que, si lo estiman oportuno, lo valoren y se dejen llevar por estas sugerencias en sus próximos momentos. Para ello, claro, es vital una condición: debe usted pertenecer a ese grupo de personas que lee mientras está en el momento; no en todos, porque depende de las prisas que uno lleve, pero sí en la mayoría. De lo contrario, este post pierde todo su sentido. En mi opinión, los textos que les voy a recomendar deberían ser leídos exclusivamente en esos momentos. Adquieren otra dimensión, como libro, y su contenido no es igual fuera o dentro del pequeño (o gran) cuarto de baño en el que lo lean. Escribo plenamente consciente de lo que digo. La experiencia, ya saben. Por cierto, este texto que leen no pretende ser en nada metafórico. No relacionen aquí el hecho de el momento  con la idea de que el libro o cómic sea más o menos bueno. Por decirlo a las claras y en modo vulgo, los libros no son una mierda. Todo lo contrario de hecho. Partan (como está partido su trasero) de la base de que todas las lecturas que les recomendaré son, en mi humilde opinión, buenas.

   Llevaré a cabo esta clasificación por orden cronológico de lectura, esto es, comenzaré por las primeras obras que fueron deglutidas tiempo atrás a la vez que execraba lo sobrante de mi organismo, para acabar con las últimas que he leído.

   Por suerte empecé hace años en esto de la lectura durante el momento de la mano de un clásico con el que, me consta, muchos otros también se han iniciado: los tebeos de Mortadelo y Filemón, magistralmente escritos y dibujados por Francisco Ibáñez. Cualquiera de sus episodios es una delicia. Desde el actual ‘Por Isis, llegó la crisis’ hasta el más antiguo ‘Mundial 98’. Yo, eso sí, opté siempre por la condensación de historietas en la serie de libros conocidos como ‘Super Humor’. Libros que –lo digo con el pecho henchido y el estómago relajado- han pasado a mi siguiente generación. También del mismo autor nos valen, aunque con menor intensidad y trascendencia, los tebeos de Super López o 13 Rue del percebe. De éste último tengo en proceso un análisis por casillas (viviendas) que quizá algún día me atreva a publicar. Zipi y Zape o Carpanta, de José Escobar, también son un referente de esta temática. Y luego ya si quieren algo más naíf y concienzudo -porque son de apretarse las sienes, o lo que sea que aprieten-  tienen las historias de Tintín, de Georges Prosper Remi (Hergé). O las viñetas ácidas, acertadas y salpicadas de crítica de El Roto, en su compendio Camarón que se duerme (se lo lleva la corriente). Tengo además uno en estado de espera (un libro, digo): Todo Makoki, de Gallardo & Mediavilla. Eso en cuanto a galería gráfica.

   De lecturas más de actualidad –por llamarlas de algún modo-, es obvio que no les abriré los ojos con la opción del periódico del día. La más utilizada desde tiempos primitivos, y no solo porque el diario se utilizara de papel higiénico. He de confesar que pocas, muy pocas veces, acudo a esta opción. Demasiado sucio todo. Sí peco más veces con la revista dominical XL Semanal, o con las páginas de Empresa del diario ABC,  o las de cultura del suplemento Ababol de La Verdad. También en los últimos tiempos se ha colado en mi WC ese compendio de modernismo que es Jot Down Magazine: Artículos sesudos para una lectura concentrada.

   Pero vayamos ya con lo puramente literario. Mi breve y aleatoria selección de recomendaciones con libros leídos durante el momento. Apenas media docena. Imaginen -si lo estiman oportuno- a un tipo de 29 años con un perfecto funcionamiento de su tracto digestivo, y calculen el promedio de obras ingeridas: imposible nombrarlas todas. Pero aquí va, como digo, una pequeña selección a la que añadiré -por título- una micro sinopsis.

   – Memorias de un señorito, de Darío Fernández-Flórez. El libro tiene su historia. No la temática, ni su contenido, que es bastante simple (las memorias narradas de un señorito antes de que estalle la guerra civil española), sino el propio libro como elemento físico. Lo encontré en un basurero de La Torre de la Horadada cuando regresaba a casa junto a un gran amigo después de una juerga. Eso fue el 25 de agosto de 2002. Lo sé porque lo anoté a bolígrafo en la primera hoja. Con esas notas, imposible no tener un buen recuerdo de esta obra.

   – El nuevo periodismo, de Tom Wolfe. Libro dividido en dos partes. La primera de ellas hace una aproximación teórica y metafórica al fenómeno literario del nuevo periodismo: “Chicago, 1928, y todo lo que eso significaba… Reporteros borrachos huidos de los pupitres del ‘News’ meando en el río al amanecer”, llega a escribir Wolfe en las primeras páginas de esta obra. La segunda parte es una colección de relatos refugiados bajo el paraguas estilístico del nuevo periodismo, en la que encontramos textos no solo de Tom Wolfe, también de Norman Mailer o Rex Reed, entre otros.

   – Película virgen (cuentos perversos), de Jordi Sierra i Fabra. Colección de 22 relatos breves en los que el escritor barcelonés se acerca a una realidad dura: la que soportan a diario miles de niños de todo el mundo. Pero no de este que juega en primera división, del tercero, del conocido mediática y colectivamente como tercer mundo. Esos niños soldado, esos niños con hambre, o esos niños marcados para siempre con el estigma del refugiado.

 – Los cínicos no sirven para este oficio, de Ryszard Kapuscinski (prueben a escribir el nombre de este periodista sin revisarlo 3 veces). Podrán leer aquí un texto que es, en realidad, una conversación permanente del periodista polaco con varios interlocutores distintos acerca de los intestinos del periodismo: sobre su ética y sus técnicas. Su espacio y su marco moral. Un libro de periodismo, destinado a periodistas y a quienes quieran acercarse a este oficio denostado.

   – Les voy a contar, de José Bono. Se trata del diario de a bordo de este político que ha pasado por todas las capas posibles de la administración pública. Es el primer tomo de sus memorias, y en él habla de sus contactos con todo tipo de gentes (especialmente del ámbito político, aunque no solo) entre 1992 y 1997. El libro resulta entretenido y sirve, en algún momento puntual, para conocer la cara b de ciertos personajes públicos con los que Bono se cruza en esa etapa.

   – Trastornos literarios, de Flavia Company. 135 microrrelatos que no resultan nada del otro mundo, pero cuyo telón de fondo es ciertamente curioso y atractivo. Y es que la autora divide esas historias en tres formatos: textos de ficción basados en una figura retórica, otros textos basados en una frase hecha tomada en sentido literal, y por último están los textos construidos a partir de un titular publicado en prensa.

   Y termino. Coincidirá el lector en reconocer conmigo que este post quizá merecía otro título. Como la revista El jueves’ (también digna de aparecer en este tributo a la lectura durante el momento) he descartado algunos titulares de portada. Lo hice por higiene literaria. O por higiene periodística. O por vergüenza personal, ya no lo sé. Lo cierto es que no quiero que queden en el olvido y, si han sido valientes y han llegado hasta aquí, es hora de nombrar a los descartes: “A veces libros, a veces heces” y “Kaka de luxe”. Solo usted, lector, podrá decir si le parecen apropiados o no. Queda, pues, en su mano (sí, la misma que utiliza durante el momento).

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