Archivo de la etiqueta: discrepar

la OPINIÓN RELATADA (I): Etiquetas de pon, ¿y quita?

   Quizás el título les suene confuso: “etiquetas de pon, ¿y quita?”. Pretendo desenredar el significado casi al final del párrafo, así que vayan poniéndose cómodos. Ya ven, he dicho pretendo, ni siquiera afirmo que lo vaya a conseguir. A pesar de todo, aspiro a ello. La etiqueta como forma de administración e identificación de contenidos está ahora muy en boga, básicamente, y sobre todo, con razón de ese mundo digital que habitamos cada día durante alguna(s) hora(s): etiquetamos, entre otros lugares comunes, en facebook, en twitter, en instagram y/o en wordpress (vean si no esas siete palabras azuladas justo al final del post). Los profesionales del digital lo llaman también a veces en su voz inglesa: tag. Esta forma de etiquetaje es en realidad la actualización de otra forma más rudimentaria, local y vecinal, de como lo hacíamos antes. Colocar (o que te coloquen) etiquetas es una cosa que hemos importado -como todo- del mundo analógico, ese mundo en el que los seres humanos se van al bar y toman un café, se miran a los ojos en el parque y se cuentan en vivo cosas del día a día. Se reconocen y se entienden mirándose, conversándose con el otro. Pero eso es materia de otro post. Lo de las etiquetas, decía, lo hacemos en realidad para saber de qué palo va cada uno. Para tratar de auto contestarnos a esa engañosa pregunta: ¿Y tú, de quién eres?. Para conformarnos previamente una serie de elementos de juicio sobre el otro. Para construir una escalera de antecedentes previos con la que poder, de algún modo, subir poco a poco para desde la altura fijar nuestra posición ante otro. Porque etiquetas, amigos, llevamos todos. Si, si. No crean que ustedes no llevan sobre su hombro algún tipo de elemento definitorio que, o bien se lo ha colocado usted mismo por su oficio y/o beneficio, o bien se lo han impuesto sin que se diera cuenta. O incluso siendo consciente de que estaba siendo etiquetado. El final es el mismo: es usted el resultado de una suma de etiquetas. Le guste o no, lo quiera o no. Lleva usted colgadas sobre sus dos orejas (no se me ocurren otros dos apéndices físicos más sobresalientes) sus etiquetas, del mismo modo que las camisetas o los pantalones de cualquier tienda de moda llevan colgado su precio. Es lo que los profesionales del marketing digital llaman “marca personal”, y que también da para otro post completo. Son, en todo caso, etiquetas muy fáciles de poner, pero muchas veces difíciles o imposibles de quitar. Más, si cabe, cuando entramos en terrenos políticos o en espacios en los que uno debe posicionarse si quiere conservar y defender su propia opinión. Discrepar, ese verbo siempre infravalorado, o confundido con mala intención con su semejante (aunque diferente) criticar, en su segunda acepción en el RAE. Así, en ocasiones siento llevar sobre mis orejas etiquetas que no me siento, que, creo, no me corresponden. Pero no me miren así. Seguro que a ustedes también les pasa.

tag   Traigo esta breve reflexión aquí porque creía que colgar simplemente uno de los microrrelatos que escribí hace ya algún tiempo para un Manifiesto Azul (precisamente después de mantener una dura conversación con un alto directivo de una gran empresa) podría no entenderse sin el suficiente contexto. Por eso, y porque ese microrrelato es tan corto (por otro lado, la intención de esa expresión textual) que mi ego bloguero (si no tiene usted ego, no se abra un blog) me impedía publicar algo tan sumamente efímero. Valga por tanto como excusa el anterior párrafo. Aquí, abajo, les dejo el microrrelato:

AUTODEFINIDO

   1984. The Doors. Izquierda Unida. Eduardo Lago. Confederación General del Trabajo. 1.100 euros al mes. Periodista. Cerveza fría. Soltero. El show de Truman. El Principito.

   No me gustan las etiquetas.

–** Crédito imagen: www.sxc.hu

Deja un comentario

Archivado bajo Opinión, Relatos