Mejor soterrados

   Verán, he obviado hasta ahora hablar de la problemática del soterramiento de las vías del tren a su paso por la ciudad de Murcia porque en la medida en que puedo, trato de no manchar de asuntos políticos este espacio parado. Y eso a pesar de que la reivindicación histórica del soterramiento no me parece en nada una lucha política, sino vecinal, ciudadana, con el espíritu de Gamonal encendido, como acostumbran a llamarlo ahora algunos medios. Pero habrá quien bajo el paraguas de un argumentario simplista la vea así: como una pelea de partidos políticos que manejan a unos vecinos para ver quien saca más tajada. Y nada más lejos de la realidad, pues el movimiento vecinal lleva unido en la brecha por una reivindicación muy justa 24 largos años. Se dice pronto. Dos décadas y cuatro años de pelea alejados de siglas. Sin perder el aliento, y a pesar de haber sido engañados continuamente. Sin embargo (vuelvo a la razón del tema de hoy) llega un momento en que a uno le inflan demasiado el globo. Y al final la pura lógica dice que el globo explota. Asi que aquí estamos, dejando por escrito un cabreo y un sincero reconocimiento. No se inquieten, podrán diferenciar fácilmente ambas piernas de un mismo cuerpo textual.

   No por casualidad suelo decir a menudo que vivo al otro lado de las vías del tren. Quizá debiera decirlo aún más a las claras: vivo en una barriada sur de la ciudad de Murcia. En una zona dividida, en su trazado urbano, por unas vías de tren. A un lado, la comodidad, al otro, la incomodidad. Una separación vergonzosa que lleva sin solución tantos años como la Plataforma pro Soterramiento lleva en la pelea. Esas vías que separan ciudadanos cierran su paso a viandantes y automóviles continuamente para ver desfilar trenes de cercanías, de larga distancia y contenedores con mercancías. Ver bajar la barrera en un paso a nivel (por ejemplo el de Santiago el Mayor) es como presenciar una encerrona, porque ya no hay escapatoria. Habrás de esperar largos minutos si quieres cruzar sin peligro. No pretendo adentrarme en los entresijos históricos y de actualidad informativa de la cuestión del soterramiento: todo aquello del convenio 2006 firmado por las tres administraciones (local, autonómica y nacional) en favor del soterramiento, lo de la estación “provisional” (nótese el engañoso entrecomillado) para el AVE en Los Dolores o el último y polémico chisme de las catas que Fomento viene realizando en el entorno de la estación de El Carmen para soterrar -dicen- solo un tramo y dejar el resto en superficie. No pretendo meterme en ese terreno, digo, porque suelen informar muy bien de ello periodistas como Manuel Madrid (en La Verdad) o Lola García (de La Opinión de Murcia). También opinan muy acertadamente sobre la cuestión el señor Ángel Montiel o la propia Plataforma pro Soterramiento, a través de su espacio web, o en sus perfiles de Facebook o Twitter. Pero sí me gustaría dejar impresa en este espacio electrónico una opinión bastante simple, seguramente contaminada por ser uno de tantos afectados por la cuestión del no soterramiento, pero desde luego por ser un ciudadano que vive en comunidad: en cualquier escenario de normalidad democrática, el penúltimo capítulo (tristemente muchos sospechamos que habrá más) vivido esta semana pasada con las actuaciones llevadas a cabo en la estación de ferrocarril habría costado su puesto a alguno de los cargos públicos y políticos que andan metidos en esta cuestión. Ni el alcalde, ni la corporación municipal, ni el propio presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia dijeron estar informados sobre esas actuaciones, que no olvidemos están gestionadas por Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), una empresa del ámbito público y bajo supervisión directa del ministerio de Fomento. En cambio, sí estaba al tanto de ello el consejero de Obras Públicas. La descoordinación a simple vista fue sonada, y pocas explicaciones se supieron dar más allá de que el consistorio murciano convocara por un lado a la propia plataforma para explicarle que ni ellos mismos sabían qué significaban esas actuaciones de Fomento, y por otro el mismo consistorio pidiera una reunión urgente con el responsable de infraestructuras ferroviarias. No digo ya que alcalde, presidente o responsables de Fomento tuvieran que dimitir en ese escenario idílico de normalidad democrática del que hablaba más arriba, pero sí quizá sus cargos inmediatamente inferiores o con competencias al respecto. ¿O acaso no estar informado y al día de lo que sucede en tu ciudad o en tu comunidad no es responsabilidad de quien gestiona? Pero pelillos a la mar, y aquí ningún cargo político de responsabilidad ha sido soterrado, a pesar del fallo grave de coordinación que ha existido, y de la intención silenciosa, alevosa y poco transparente con la que han actuado desde Adif. Más si cabe además con una cuestión especialmente sensible como es la del soterramiento de las vías del tren.

foto soterramiento   Dicho esto, y al margen de dejar por escrito esa impresión de cabreo, he aquí la segunda pierna con la que camina este texto: reconocer con letra alta y clara el enorme esfuerzo, la dedicación y la implicación de los miembros de esa Plataforma pro Soterramiento y de todos aquellos vecinos que secundan cada una de las acciones absolutamente pacíficas que llevan a cabo desde ese colectivo. Acciones que van desde las concentraciones todos los martes en el paso a nivel de Santiago el Mayor hasta la convocatoria de manifestaciones o las constantes asambleas que mantienen para informar a los vecinos sobre cualquier avance o retroceso. Y no es que sea servidor una voz importante para reconocer tamaño esfuerzo ciudadano, ni mucho menos, pero creo que lo que hacen merece todo reconocimiento posible, venga de quien venga. Especialmente y, sobre todo, porque esa militancia social suele estar las más de las veces huérfana de reconocimiento alguno. No olvidemos tampoco que el suyo es un esfuerzo altruista y solidario (como lo es cualquier colectivo ciudadano que se mueve con un fin social) por una causa que lo vean ustedes o no afecta a la convivencia, a la imagen y al potencial urbano de una ciudad entera. Una ciudad que desde la Plataforma pro Soterramiento pelean por mejorar semana tras semana. Lo hacen con todas las armas (que muchas veces son pocas pero que de momento van siendo suficientes) que deja a su alcance nuestro sistema de convivencia. Y quizá porque desde una breve pero gran experiencia sé que hay muchos momentos en que las fuerzas flaquean, en que todo son contratiempos y cualquier acción o decisión genera enfrentamientos incluso en el seno interno, y en que crees actuar contra un enorme monstruo de muchas cabezas al que resulta imposible vencer, quizá por ello, digo, soy consciente de que todos ellos merecen que desde aquí le demos un sonoro aplauso. Un aplauso en forma de enorme agradecimiento escrito. Un aplauso en forma de respaldo a una labor ciudadana necesaria para revitalizar nuestro urbanismo y nuestro futuro como sociedad. Queda dicho.

–** Crédito imagen: soterramientomurcia.blogspot.com.

–** Puedes firmar para pedir el soterramiento en Change.org.

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