Archivo mensual: enero 2014

Mejor soterrados

   Verán, he obviado hasta ahora hablar de la problemática del soterramiento de las vías del tren a su paso por la ciudad de Murcia porque en la medida en que puedo, trato de no manchar de asuntos políticos este espacio parado. Y eso a pesar de que la reivindicación histórica del soterramiento no me parece en nada una lucha política, sino vecinal, ciudadana, con el espíritu de Gamonal encendido, como acostumbran a llamarlo ahora algunos medios. Pero habrá quien bajo el paraguas de un argumentario simplista la vea así: como una pelea de partidos políticos que manejan a unos vecinos para ver quien saca más tajada. Y nada más lejos de la realidad, pues el movimiento vecinal lleva unido en la brecha por una reivindicación muy justa 24 largos años. Se dice pronto. Dos décadas y cuatro años de pelea alejados de siglas. Sin perder el aliento, y a pesar de haber sido engañados continuamente. Sin embargo (vuelvo a la razón del tema de hoy) llega un momento en que a uno le inflan demasiado el globo. Y al final la pura lógica dice que el globo explota. Asi que aquí estamos, dejando por escrito un cabreo y un sincero reconocimiento. No se inquieten, podrán diferenciar fácilmente ambas piernas de un mismo cuerpo textual.

   No por casualidad suelo decir a menudo que vivo al otro lado de las vías del tren. Quizá debiera decirlo aún más a las claras: vivo en una barriada sur de la ciudad de Murcia. En una zona dividida, en su trazado urbano, por unas vías de tren. A un lado, la comodidad, al otro, la incomodidad. Una separación vergonzosa que lleva sin solución tantos años como la Plataforma pro Soterramiento lleva en la pelea. Esas vías que separan ciudadanos cierran su paso a viandantes y automóviles continuamente para ver desfilar trenes de cercanías, de larga distancia y contenedores con mercancías. Ver bajar la barrera en un paso a nivel (por ejemplo el de Santiago el Mayor) es como presenciar una encerrona, porque ya no hay escapatoria. Habrás de esperar largos minutos si quieres cruzar sin peligro. No pretendo adentrarme en los entresijos históricos y de actualidad informativa de la cuestión del soterramiento: todo aquello del convenio 2006 firmado por las tres administraciones (local, autonómica y nacional) en favor del soterramiento, lo de la estación “provisional” (nótese el engañoso entrecomillado) para el AVE en Los Dolores o el último y polémico chisme de las catas que Fomento viene realizando en el entorno de la estación de El Carmen para soterrar -dicen- solo un tramo y dejar el resto en superficie. No pretendo meterme en ese terreno, digo, porque suelen informar muy bien de ello periodistas como Manuel Madrid (en La Verdad) o Lola García (de La Opinión de Murcia). También opinan muy acertadamente sobre la cuestión el señor Ángel Montiel o la propia Plataforma pro Soterramiento, a través de su espacio web, o en sus perfiles de Facebook o Twitter. Pero sí me gustaría dejar impresa en este espacio electrónico una opinión bastante simple, seguramente contaminada por ser uno de tantos afectados por la cuestión del no soterramiento, pero desde luego por ser un ciudadano que vive en comunidad: en cualquier escenario de normalidad democrática, el penúltimo capítulo (tristemente muchos sospechamos que habrá más) vivido esta semana pasada con las actuaciones llevadas a cabo en la estación de ferrocarril habría costado su puesto a alguno de los cargos públicos y políticos que andan metidos en esta cuestión. Ni el alcalde, ni la corporación municipal, ni el propio presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia dijeron estar informados sobre esas actuaciones, que no olvidemos están gestionadas por Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), una empresa del ámbito público y bajo supervisión directa del ministerio de Fomento. En cambio, sí estaba al tanto de ello el consejero de Obras Públicas. La descoordinación a simple vista fue sonada, y pocas explicaciones se supieron dar más allá de que el consistorio murciano convocara por un lado a la propia plataforma para explicarle que ni ellos mismos sabían qué significaban esas actuaciones de Fomento, y por otro el mismo consistorio pidiera una reunión urgente con el responsable de infraestructuras ferroviarias. No digo ya que alcalde, presidente o responsables de Fomento tuvieran que dimitir en ese escenario idílico de normalidad democrática del que hablaba más arriba, pero sí quizá sus cargos inmediatamente inferiores o con competencias al respecto. ¿O acaso no estar informado y al día de lo que sucede en tu ciudad o en tu comunidad no es responsabilidad de quien gestiona? Pero pelillos a la mar, y aquí ningún cargo político de responsabilidad ha sido soterrado, a pesar del fallo grave de coordinación que ha existido, y de la intención silenciosa, alevosa y poco transparente con la que han actuado desde Adif. Más si cabe además con una cuestión especialmente sensible como es la del soterramiento de las vías del tren.

foto soterramiento   Dicho esto, y al margen de dejar por escrito esa impresión de cabreo, he aquí la segunda pierna con la que camina este texto: reconocer con letra alta y clara el enorme esfuerzo, la dedicación y la implicación de los miembros de esa Plataforma pro Soterramiento y de todos aquellos vecinos que secundan cada una de las acciones absolutamente pacíficas que llevan a cabo desde ese colectivo. Acciones que van desde las concentraciones todos los martes en el paso a nivel de Santiago el Mayor hasta la convocatoria de manifestaciones o las constantes asambleas que mantienen para informar a los vecinos sobre cualquier avance o retroceso. Y no es que sea servidor una voz importante para reconocer tamaño esfuerzo ciudadano, ni mucho menos, pero creo que lo que hacen merece todo reconocimiento posible, venga de quien venga. Especialmente y, sobre todo, porque esa militancia social suele estar las más de las veces huérfana de reconocimiento alguno. No olvidemos tampoco que el suyo es un esfuerzo altruista y solidario (como lo es cualquier colectivo ciudadano que se mueve con un fin social) por una causa que lo vean ustedes o no afecta a la convivencia, a la imagen y al potencial urbano de una ciudad entera. Una ciudad que desde la Plataforma pro Soterramiento pelean por mejorar semana tras semana. Lo hacen con todas las armas (que muchas veces son pocas pero que de momento van siendo suficientes) que deja a su alcance nuestro sistema de convivencia. Y quizá porque desde una breve pero gran experiencia sé que hay muchos momentos en que las fuerzas flaquean, en que todo son contratiempos y cualquier acción o decisión genera enfrentamientos incluso en el seno interno, y en que crees actuar contra un enorme monstruo de muchas cabezas al que resulta imposible vencer, quizá por ello, digo, soy consciente de que todos ellos merecen que desde aquí le demos un sonoro aplauso. Un aplauso en forma de enorme agradecimiento escrito. Un aplauso en forma de respaldo a una labor ciudadana necesaria para revitalizar nuestro urbanismo y nuestro futuro como sociedad. Queda dicho.

–** Crédito imagen: soterramientomurcia.blogspot.com.

–** Puedes firmar para pedir el soterramiento en Change.org.

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Jose Manuel López Nicolás (Scientia): “He ido a charlas en las que me han felicitado por sacar algunos temas a la luz, pero me dicen que ellos nunca se habrían atrevido.”

   Ha sido, según el portal bitacoras.com, el mejor bloguero de ciencia de habla hispana de todo el 2013. En 2012 quedó finalista en el mismo certamen, este año pasado se llevó el premio en el bolsillo. A los que nos gusta algo la ciencia pero a veces vemos a los científicos como unos locos chiflados que hablan un idioma del futuro nos gusta Scientia porque solemos entender lo que allí se escribe. Casi siempre. Jose Manuel López Nicolás (Murcia, 1970) está detrás de ese blog, Scientia, desde hace casi 3 años. En ese espacio digital no juega precisamente con las cosas del comer, y sí habla mucho de alimentación y ciencia. Ha publicado en ese tiempo más de 315 posts. Es Doctor en ciencias Químicas por la Universidad de Murcia, en la que trabaja como profesor e investigador. Y divulga en sus ratos libres, “como compromiso con la sociedad, que es la que me paga de su bolsillo”, reconoce antes de empezar la entrevista. Leerán que no tiene pelos en la lengua, y creo que durante la larga charla que mantenemos en una de las salas del museo de la ciencia y el agua se controla y se esfuerza para no soltar más que un taco. Se le nota muy cabreado cuando hablamos, sobre todo, de recortes en educación y ciencia. Por eso la grabadora que pongo sobre la mesa le importa poco. Habla tal cual. Con el escenario para la entrevista ya montado le digo que esto va a parecer unas “conversaciones Sabadell”. Y ríe. Es también presidente de la Asociación de Divulgación Científica de la Región de Murcia (ADCMurcia) y escribe en otros portales como Naukas o Journal of Feelsynapsis. No para quieto, robándole tiempo a la familia. Cada vez que quiere puntualizar o destacar algo de lo que está diciendo durante la entrevista se aproxima a ti, como comiéndote terreno en el cara a cara. No lo dice alto pero sí muy claro, con algún aspaviento, y acto seguido se recompone en su sitio. Hace pausas continuamente para reordenar su discurso y asegurar, entre otras cosas, que en esto de la alimentación hay mucha falacia y mucho gurú interesado. Pero empezamos hablando de su blog…

– ¿En qué ayuda un blog como Scientia en la divulgación científica y, sobre todo, cuáles son las ventajas e inconvenientes de este medio frente a las publicaciones científicas especializadas? 

Creo que no se puede establecer una competición entre ambas. Ni muchísimo menos. Las publicaciones en el blog nunca van a sustituir a las publicaciones científicas, son un complemento. Realmente de lo que se trata es de trasladar al blog todo aquello que se publica en esas revistas científicas, todo aquello que se publica con un lenguaje muy complejo, accesible a poca gente. Pero esto es normal en ciencia. Cuando alguien hace una investigación y ofrece una serie de resultados lo más normal es que quiera traducirlos en una publicación científica, lo que pasa es que esto llega a muy poca gente. El lenguaje es enrevesado y complejo, pero es que debe ser así. Por eso se trata de, por una parte, adaptar al blog esos resultados con un lenguaje que la gente pueda entender más fácilmente, pero además de eso, y aún más importante, es hablar de ciencia, que la ciencia esté en la calle. Que no exista esa barrera entre la sociedad y el investigador. Y eso es lo más importante de los blogs de divulgación científica. De ahí que el lenguaje del blog deba ser ameno, entendible. Me preguntan mucho últimamente sobre qué es mejor, si el blog o la revista científica, pero ese planteamiento es erróneo porque no hay uno ni mejor ni peor, son diferentes y complementarios. El blog siempre debe actuar como complemento de las revistas especializadas. De hecho, si tuviéramos que elegir elegiríamos la revista científica porque es la forma de generar ciencia y conocimiento.

Entrevista con SCIENTIA 3

– Pero el peligro de los blogs de divulgación científica, como con los blogs de periodismo o cualquier otra temática,  es que ocurre que es un coladero de gente no profesional que habla de un tema concreto del que puede no ser realmente conocedor y que tiene un conocimiento vago. Así, se da la circunstancia de que hay disponible más contenido que nunca pero también mucho más ruido, quizá haya menos publicaciones de calidad.

Por supuesto. Puede pasar, y está pasando. [Hace una pausa] Y es complicado controlar eso. La única forma de saber si un blog es de calidad o no es estar continuamente leyendo blogs diferentes, hacer una selección natural de aquellos que te interesan. Así compruebas cómo argumentan unos y otros, cómo comparten ideas similares, cómo dan sus fuentes que son fidedignas. No vale que tú digas que tal contenido lo has leído en una web y eso por sí solo sirva de fuente. ¿Lo que tú estás contando tiene el respaldo científico, está publicado en una revista de investigación? ¿Estás citando esas fuentes? Si no es así, no me vale. Es fundamental conocer las fuentes. Pero claro que se están colando en la blogosfera malos contenidos. Y es peligroso. Pero el lector habitual, no el esporádico que entra un día y no vuelve, se da cuenta de eso. Ese peligro no lo tienen, sin embargo, las publicaciones científicas. Ahí en líneas generales todo está muy controlado y debe pasar una serie de filtros de editores, revisores… y al final de un proceso ese contenido se publica, o no se publica porque no tiene entidad suficiente.

– Entra también en juego la capacidad del lector para saber diferenciar qué contenido es válido y cuál no… 

Claro. Exactamente. También el lector tiene su parte de responsabilidad y debe saber poner en cuarentena ciertos contenidos que pueden ser de dudosa fiabilidad.

“Estamos perdiendo la mejor generación

de científicos de este país.”

– La divulgación de la ciencia es una tarea compleja porque, a menudo, la temática no es sencilla y sí complicada de entender. Algunos expertos en ciencia, además, pueden tener carencias comunicativas y no saber explicar sus resultados. Si a eso sumamos también que nuestro grado de comprensión lectora, según el último informe PISA, está 8 puntos por debajo de la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ese combo puede resultar complicado de superar para alguien que tenga como reto poner la ciencia en la calle… 

La fórmula mágica no existe, ni muchísimo menos. Cada uno tendrá su propio estilo, y utilizará sus propias herramientas. En mi caso es cierto que hay algo que influye muchísimo, y es que trato temas muy cercanos. Yo no hablo de física cuántica, ni de geología de la tierra del no sé qué… Yo te hablo del actimel, de un producto de cosmética conocido, de un producto alimenticio o introduzco una historia del señor de los anillos en las publicaciones. El hablar de cosas que están en el día a día de cada persona ha influido muchísimo. Pero no hay que criticar al investigador que divulgue con otro lenguaje.

Entrevista SCIENTIA

– ¿Todo científico debe tener capacidad para divulgar?

Hay de todo. Hay a quien no le gusta divulgar, o a quien no le interesa por x motivos, por ejemplo: que no se le reconozca curricularmente o que no les atraiga. No conozco ningún científico que no tenga capacidad para divulgar los resultados de la investigación o de los experimentos que ha realizado. Pero últimamente escucho mucho que algunos llaman ignorantes a quien no le gusta la ciencia o no le atrae. Y eso es un error. [Hace otra pausa] Pero no te digo el que no sepa de ciencia, sino el que no le atraiga la ciencia. ¿Qué pasa que si no te gusta la ciencia eres un ignorante? No. Claro que no. Te pueden gustar otras cosas. No hay que culpar ni señalar con el dedo a quien no le gusta la ciencia. Igual que dentro de la comunidad científica no hay que señalar a quien no divulga. Eso sí, si el sistema cambiara seguro que conocerías a mucha más gente que divulgara. Digamos las cosas claras. En la Universidad, por ejemplo, tú tienes un baremo para poder promocionarte e ir subiendo en el escalafón. Y en ese baremo la divulgación no cuenta absolutamente nada. Te cuenta 0. Entonces, ¿qué le pides a los investigadores? ¿Que divulguen la ciencia? Tú lo que les pides es que publiquen en revistas científicas, que eso sí te da puntos. Yo, normalmente, después de publicar lo que hago es un post, pero eso me quita tiempo, a su vez, para seguir investigando… Y, realmente, lo que me da puntos es seguir investigando y publicar, no divulgar en un blog. Entonces, ¿puedes criticar a quien no divulga? No, puedes criticar cómo está montado el sistema, que no valora esa divulgación.

“Es verdad, en contra de lo que dicen muchos divulgadores, que Punset ha logrado una cosa: que se hable de ciencia.”

– Y dentro de la divulgación hay quien llama más y quien llama menos la atención, o quien tiene más o menos tirón. En su caso, no sé qué opinión tiene de la función que, en este caso, lleva a cabo Eduard Punset

Hay una cosa que piensa casi toda España y que no es cierta: Punset no es un científico. Él tampoco dice que lo sea. Pero él divulga la ciencia, a su estilo. Yo estoy absolutamente en contra de muchas de las cosas que dice, es más, creo que ni él mismo se las cree. Él ha adaptado su personaje. Hace un papel como si estuviera haciendo teatro todo el rato. Pero también es verdad, en contra de lo que dicen muchos divulgadores científicos, que Punset ha logrado una cosa: su mensaje no es el más correcto ni muchas veces el más científico, pero ha conseguido que se hable de ciencia. Y eso está bien. Si nos ponemos estrictos, se equivoca en muchísimas cosas. Pero yo reconozco el valor de lo que ha hecho: mucha gente que antes no se acercaba a la ciencia ahora ve el programa Redes, o lee su blog. Entonces lo que te decía anteriormente de conseguir poner la ciencia en la calle, Punset lo ha conseguido. Otra cosa es que entremos en lo que está diciendo, que muchas veces falla. No estoy en absoluto de acuerdo con lo que intenta transmitir con los anuncios publicitarios que hace de algunos productos. Y no creo que se equivoque, él sabe perfectamente lo que está haciendo. Hay que aplaudirle que llegue a mucha gente, que haya popularizado la ciencia, pero en el mensaje científico muchas veces tiene fallos graves y eso es lo que yo critico.

– Desde el terreno, por un lado por tu condición de profesor de ciencias en una Universidad pública, y por otro, por tu trabajo como divulgador, ¿crees que hemos investigado por encima de nuestras posibilidades?. ¿Está en peligro de extinción la función investigadora?

No creo que hayamos investigado por encima de nuestras posibilidades, ni muchísimo menos. Podríamos haber investigado mejor, o mejor dicho, con un nivel más óptimo de utilización de recursos. Ahora bien, eso no significa que hayamos investigado por encima de nuestras posibilidades. Yo creo que las medidas que se están tomando son muy graves. Y en algunos casos creo que van a ser irreversibles. Siempre pongo el mismo ejemplo: tú tienes un coche parado un tiempo y luego lo arrancas y funciona perfectamente. La ciencia no funciona así. Si tu tienes parado un sistema durante mucho tiempo lo primero es que todos te van a pasar y tú te quedas en el furgón de cola, y lo segundo es que cuesta muchísimo volver a arrancarlo. Muchas de las cosas que estamos viendo en el terreno de la ciencia y la Universidad tienen consecuencias irreversibles. No me gusta hablar de futuro, por eso te digo que ya están siendo irreversibles. No es que vayan a serlo, es que ya lo son. Me hace mucha gracia también cuando alguien habla a la ligera de que lo mejor es irse al extranjero a investigar. Bueno, vamos a ver, ¿esto cómo se hace?. Antes existían una serie de programas de movilidad para poder irte a investigar con un contrato, con una beca. Donde antes había 10 becas, ahora solo hay 1. Entonces no es tan fácil eso de irse al extranjero, hay que pagarse una serie de cosas. Se está perdiendo una generación de científicos muy importante en este país, quizá la mejor preparada de nuestra historia. Esa se está perdiendo. Y luego, ¿recuperable? ¿cómo? No, esa generación de científicos está ya perdida. Hace poco escuchaba en la Universidad una charla de Antonio Muñoz Molina, que decía que “durante siglos en este país a los políticos les ha interesado muy poco la educación, la cultura y el conocimiento de la sociedad.” Pero no porque no les importe, sino porque les interesa que no estemos preparados para que no se vean ciertas deficiencias. Yo no sé si llegaría a tal extremo, pero creo que estaría muy cerca de esa afirmación. España cada vez está más en el furgón de cola, se está yendo hacia abajo en los escalafones internacionales. ¿Y eso qué? En los foros internacionales y en las mejores revistas científicas del mundo se está abordando la problemática y lo que está ocurriendo con la ciencia en nuestro país. No hablan de lo que ocurre con la ciencia en otros países, critican la falta de sentido en las medidas que se están tomando en el terreno de la ciencia en España. Y si nos critican en esos espacios será por algo.

“La ciencia no da votos.”

“A todos los niveles el sistema está fracasando.”

“¿Estamos todos en igualdad de condiciones para estudiar? Para nada.”

– Recuerdo cuando arrancó la crisis allá por 2009 que el I+D+i era la solución a todos nuestros problemas. Debía ser el nuevo motor de desarrollo de la economía. Dos años después, en 2011, me marcó mucho una frase que le leí al anterior consejero murciano de Educación y Empleo, Constantino Sotoca, que en una entrevista decía: “hay que apostar un poco más por los ciclos de ‘mono azul’ y menos por los de ‘bata blanca'”. No parece que de esa frase se pueda extraer una lectura muy en clave I+D+i… 

Está muy clara la frase. Pero cuando arrancó la crisis es cierto que todos, de boquilla, decían que había que apostar por la I+D+i. Pero a la hora de la verdad a ver ¿dónde están las bases, dónde están los convenios, las becas para hacer la tesis, dónde está el dinero que se ha aportado?. Creo que la sociedad no se da cuenta del daño tan profundo que se está provocando a la ciencia. Y no solo en ciencia, también en cultura. Y en educación, sobre todo en educación. La cantidad de chavales que están dejando los centros educativos porque no tienen dinero para poder pagar las tasas es enorme. Donde antes había 10 becas ahora hay 1. [Hace otra pausa] ¿Estamos todos en igualdad de condiciones para estudiar? Para nada. No, ni muchísimo menos.

– En tu blog hablas de un caso concreto en ese sentido. 

No era un caso concreto. Era un caso de varios chicos, que decidí contar como un caso solo. Tardé en escribirlo diez minutos. Estaba muy cabreado.

– Ese post, que es el más leído del blog y en su día tuvo un enorme impacto en la blogosfera y en redes sociales, cuenta una historia muy dura… 

Sí, pero no es una historia aislada. Es más, a la semana de escribir ese post empezamos a conocer muchos más casos de todas las Universidades de España. Pudimos leer listas de alumnos matriculados en distintas facultades que, por no poder pagar, se habían tenido que dejar los estudios. Y era tremendo. La historia de ese post estaba contada con rabia, y desde dentro de la propia Universidad. Escrita por un profesor universitario. Eso fue quizá lo más significativo. Hay veces cuando leemos textos que pensamos, ¿quién estará detrás de esto, qué querrá conseguir? Yo, a nivel particular, qué tenía que ganar o perder ahí. Nada. Por eso creo que a todos los niveles el sistema está fracasando.

Entrevista con SCIENTIA 2

– Cambiando de tema, ¿por qué es la iniciativa pública la que debe impulsar las investigaciones científicas?. ¿Qué riesgos hay al dejar la investigación en manos de la inversión privada?

Muchísimos. Nunca se debe dejar exclusivamente en manos de la inversión privada la investigación. Es un error tremendo querer, como he escuchado señalar algunas veces a algunos políticos, que la investigación genere unos resultados inmediatos que se traduzcan en un rendimiento económico. La base de la investigación es generar conocimiento. Si ese conocimiento luego sirve para generar riqueza perfecto, mucho mejor. Pero si no, no pasa nada. Ha generado conocimiento. Es más, puede ser que ese conocimiento no se traduzca inmediatamente en un rendimiento económico pero lo haga a lo mejor en un plazo de 30 años. La empresa privada, sin embargo, no funciona así. Y lo entiendo, no se puede criticar. La investigación privada quiere obtener unos beneficios económicos. Y es lo más normal del mundo, no es una ONG. Por eso, si como tu dices, dejamos exclusivamente en manos de la iniciativa privada esas investigaciones lo que pasaría es que podríamos resolver cuestiones muy puntuales que afectan a la gente. Y eso no puede ser.

– De algún modo, parece que lo que no le interesa política y popularmente a un Gobierno es invertir en investigación porque no se ven los resultados en el corto plazo. No es rentable para las siguientes elecciones porque en 4 años es muy probable que no se aprecien los logros obtenidos… 

Sí, yo pienso eso. La ciencia no da votos, para nada. La comunidad científica no es una comunidad que arrastre a la población. Entonces, ¿realmente el político de turno piensa en la ciencia como un motor para generar conocimiento?. No, para nada. Buscan, salvo honrosas excepciones, hacer algo con un coste y ver qué rendimiento político van a lograr. Y la ciencia no es un nicho de votos, ni mucho menos.

“Vende más asustar que contar la verdad. Pero el científico

no tiene que caer en eso, no tiene que ser equidistante.”

– De hecho, el 19 de diciembre de 2013 todos los grupos políticos presentes en el Congreso de los Diputados, salvo el PP (que es el partido que sustenta al Gobierno) y UPN, firmaban un acuerdo que pretendía dar respaldo público a la ciencia y, sobre todo, considerar la investigación como un eje prioritario para el crecimiento de nuestro país. Y sorprende precisamente eso: que ese acuerdo impulsado por el colectivo científico ‘Carta por la Ciencia‘ no lo firme el partido del Gobierno y sí el resto de los parlamentarios. 

Sinceramente, eso me da pena. Me cabrea, pero sobre todo me da pena. Fue muy parecido a lo que ocurrió con la reforma educativa. Ves que una Ley como la de educación, con la importancia que ésta tiene, la mitad del Hemiciclo vota en contra. Eso es triste. Hay cosas que tienen que estar por encima de los intereses políticos de unos y otros. Y yo creo que la educación y la ciencia son claros ejemplos. Y lo que está ocurriendo ahora mismo con esos dos casos ha demostrado que los partidos políticos no están a la altura.

– Y ya para concluir, dos cuestiones puramente alimentarias de las que eres un especialista. Poco después de que comentaras algunas cuestiones sobre este documental, te leía en un tuit lo siguiente: “En España no paramos de hablar de las bondades de la dieta mediterránea, pero a la hora de la verdad nadie la sigue.” Creo que es muy acertada esa afirmación, pero ¿desde el punto de vista científico son totalmente ciertos esos beneficios para la salud?

No paramos de llenarnos la boca para hablar de la dieta mediterránea, y habría mucho que matizar. Pero pasan dos cosas: una, la sigue poca gente. ¿Por qué si no en Murcia tenemos unas tasas de obesidad infantil por encima de la media española?. ¿No decimos que somos los mejores comiendo y que tenemos de todo?. Y realmente tenemos de todo, pero no lo usamos. Por otra parte, está la segunda cuestión: ¿la dieta mediterránea tiene cosas matizables?. Sí. Y la pirámide alimentaria de la que se ha hablado siempre creo que sería el momento de modificarla. Un ejemplo, el vino. Siempre se nos dice que hay que tomarlo porque es bueno. Pero, ¿el vino es bueno por qué? Mira no, no es bueno. Lleva alcohol, y el alcohol no es bueno. Y esa aportación que hace el vino la puedes conseguir de otras formas. Y el vino forma parte de la dieta mediterránea. Por eso digo que hay cosas que se pueden matizar. Con todo, al margen de esas cuestiones matizables, la realidad es que nadie la sigue. Hay una estadística que refleja cómo España está retrocediendo en el seguimiento de la dieta mediterránea. Hay mucha falacia en el campo de la alimentación, y muchas cosas que se dan por hechas y que no son así. En ese documental del que hablas yo no escuché hablar de las grandes mentiras de los alimentos funcionales, nadie lo decía. No se atrevieron a contar las estrategias que llevan a cabo Danone, Nestlé o Loreal.

– ¿Y cuál es la razón para que nadie hable de las estrategias de las grandes marcas? 

[Hace otra pausa] Que lo diga otro. Y esa ha sido, desde mi punto de vista (que está mal que yo lo diga), una de las claves del éxito del blog. Si tengo que hablar de Danone, hablo. Si tengo que decir algo sobre Hero, lo digo. Y soy consciente de lo que me estoy jugando ahí. Pero es que nadie se atreve a hablar de eso. He ido a muchas charlas en las que me han felicitado por sacar algunos temas a la luz, pero me dicen que ellos nunca se habrían atrevido a sacarlos. Y lo sabían igual que yo. Ha habido veces que he contado cosas que han estado a punto de salir en las noticias de canales fuertes de televisión y no han salido a última hora. ¿Por qué? Porque esas marcas comerciales pagan mucho por publicidad. Y rápidamente te retiran los anuncios. Yo hago un poco de vocero. Fíjate, nunca digo: esto no sirve para nada. ¿Quién coño soy yo? Yo digo: mira aquí hay un informe de la Unión Europea o de quien sea, y aquí tienes el link para leerlo. A mucha gente no le interesa que salgan estos temas. Pero ves estos documentales y dices sí, esto sirve, pero le faltan muchas cosas.

– Y por último, ese tópico que culpa a la coca-cola de no ser buena para el organismo, ¿qué hay de cierto científicamente hablando?

Es cierto que la coca-cola, como los refrescos azucarados, consumidos en grandes cantidades son malos. Y las bebidas energéticas mucho peor. Claro que es malo. Ahora bien, he llegado a ver diagramas e infografías con lo que ocurre en tu organismo cuando te tomas un vaso de coca-cola, y hay cosas que no están demostradas científicamente. Yo no digo que sea mentira, pero nadie las ha demostrado.  Nadie ha mostrado un estudio ante la comunidad científica enseñando esas consecuencias. Hay muchísimos mitos y muchísimas leyendas en torno a eso, pero es sobre todo porque vende muchísimo asustar. Vende más asustar que contar la verdad. Pero el científico no tiene que caer en eso, no tiene que ser equidistante. Yo he criticado un producto de Mercadona y he alabado las propiedades de otro también de Mercadona

–** Fotografías de Pablo Pintado.

–** Mira más imágenes en Facebook.

–** Agradecimientos: Museo de la ciencia y el agua.

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Conversaciones con Aurelio (I)

   CAPÍTULO I: ¿Pero quién es Aurelio?

   Aurelio siempre llega antes que yo a la cafetería donde solemos quedar. Llega antes, y se va más tarde. No es que el gesto tenga nada de especial (o sí), pero lo cierto es que es un hecho que quería dejar por escrito. Por mi parte suelo llegar a nuestros encuentros mensuales cuando Aurelio está echando su terrón de azúcar en el café. Sí, los terrones en el bar al que vamos siempre desde hace dos años aún existen. Lo echa, y lo deja disolver. Paciente. Tranquilo. Sin remover el líquido negro. “No me gusta provocar la mezcla, creo que ellos solos se acaban entendiendo mejor”, me dijo un día que le pregunté por qué no utilizaba su cucharilla. Aurelio escribe. Lo hace mucho mejor que yo y en más cantidad. Escribe de todo: desde ensayo a pequeños guiones para cine o teatro, pasando por críticas muy burras sobre televisión. Aunque puedo decir con la cabeza bien alta y el pecho henchido de orgullo estúpido que le gano en algo: Él nunca ha publicado una línea de toda su producción. “Me da miedo o vergüenza, no sé muy bien. Pero me da un no se qué en las tripas cada vez que pienso que alguien puede leer algo de lo que he escrito”. Esa es siempre su excusa, o su escudo, tampoco yo lo sé. ¿Excusa o escudo? Siempre dudo en el mismo punto.

   Aurelio no es “hipster” y dudo que sepa qué carajo significa eso (ni siquiera yo me atrevería a dar una definición), pero se gasta una ligera barba cerrada de quince días. Siempre la misma cantidad de pelo negro repartida por esa tez que antes de quedarse en paro lucía desnuda y blanca como el fondo de esta pantalla electrónica. Eso sí, la suya es de esas barbas ligeras que parecen (y lo son) desaliñadas y con cierto aspecto de insalubridad. A los quince días se la afeita. O no, tampoco lo sé, porque suelo verlo únicamente los día 15 del mes (es una cita ineludible desde hace 24 meses), pero lo cierto es que siempre ese día lleva una barba idéntica a la del mes anterior. De ahí mi deducción. No falla. Como tampoco falla que venga a la cita después de haber andado un buen rato (normalmente antes de comenzar nuestra conversación me suele decir por dónde ha caminado ese día), sin teléfono móvil, aunque sí con un pequeño cuaderno donde a veces le veo anotar “cosas”. No siempre anota, pero en ciertas ocasiones incluso me ha dejado hablando solo para concentrarse en algo que está escribiendo. Nunca le he preguntado qué anota, por si piensa, rencoroso, que pretendo robarle una idea para escribirla yo. En el fondo (y en la forma), creo que no se acaba de fiar de mí. Por lo demás, viene siempre a nuestras citas con el mismo aspecto: sus esféricas gafas para miopes made in años 90, su camisa de marca, su chaqueta de pana (da igual la estación del año), sus vaqueros, su mariconera de tela tejida por una ex novia y sus botas gordas de montaña (también da igual la estación del año). Así luce Aurelio durante nuestras conversaciones del día 15 de cada mes. Conversaciones que suelen alargarse de media un par de horas y que tienen fecha y hora fijas e ineludibles, salvo una única cuestión de fuerza mayor: que uno de los conversadores fallezca. En ese caso, es obvio, se anulará la cita. En su día, después de cuatro encuentros, bautizamos la cita precisamente así: Las conversaciones del día 15 del mes. A originalidad es difícil que venga usted a plantarnos batalla. Le ganaremos sin piedad, así que dese ya por vencido.

   Aurelio suma en su cuenta, según su tarjeta de puntos del club Carrefour, 33 tantos. Y es que Aurelio lleva 33 años con la tarjeta de esa gran superficie en su bolsillo. A algunos sus padres les abren al nacer una cuenta de ahorro, a él su padre le hizo 9 días después de haber visto la luz de este mundo una tarjeta de puntos para ir sumando descuentos. Así, todos los meses hace puntualmente la compra en ese supermercado. Y lo más curioso de todo: aún no ha utilizado ni una sola vez los descuentos acumulados. Muchas veces me comenta qué es lo que piensa hacer el día que decida gastar sus puntos: “Ríete tú del 3×2 o el 2×1 en ofertas. Lo mío será una cadena de descuentos de récord guiness.” Siempre fantasea con que le dará para comprarse una de las motos que incomprensiblemente suele encontrarse por los lineales de productos del supermercado. 33 primaveras decíamos, exactamente las mismas que vio el altísimo hasta agachar la cabeza en la cruz. Al final, siempre todos acabamos torciendo el cuello hacia abajo: para obedecer, para coger impulso y soltar el cabezazo que deje ko a nuestro oponente o para recibir el duro escarmiento; pero lo cierto es que siempre la acabamos agachando. En lo amoroso (o en lo que atañe al sexo, llámenlo como prefieran) Aurelio tiene pareja estable (él dice que es estable porque, en contra de su voluntad pero a favor de su suegra, está casado por la Iglesia, y eso le otorga una cierta contundencia al asunto conyugal) y una hipoteca que sacó a pachas con su pareja a 35 años. “Esa sí es razón para la estabilidad”, bromeo siempre con él. Todavía le quedan 30 de cadena, que no es perpetua, pero casi. Es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Madrid. Terminó sus estudios de acuerdo a lo que establecen los cánones educativos: 10 años para la educación obligatoria, 2 años para el bachiller, y otros 5 años más en Madrid para completar su licenciatura. A eso, súmenle otro año de máster pre doctoral en algo tan indefinido y tan etéreo como “estudios avanzados en comunicación”. Y después de ello, sazonen ese expediente académico con otros tantos cursos de especialización profesional que ha ido intercalando mientras trabajaba y, por supuesto, tras haberse quedado en paro hace ahora 2 años. Por aquello del “reciclaje profesional”, la indefinida “empleabilidad”, y miedoso de no atender al consejo que le expedían sus amigos que entre caña y tapa ejercían de orientadores laborales, ha llegado a hacer cursos que no sabía muy bien para qué servían. Especialmente destacable es uno que hizo por ordenador y desde casa (entorno online lo llaman)  para aprender algo de la cultura gastronómica que rodea al jamón de cebo, incluido cómo se debe cortar (verlo hacer prácticas sentado delante de su ordenador debió ser surrealista), o aquel otro curso (éste presencial) que se titulaba “Aproximación al marketing experiencial turístico y comunicación eficaz de persuasión para captar clientes de los residenciales extranjeros aledaños”. Pero él, como un campeón de entre todos los campeones del mundo cola cao, los ha terminado todos y los ha dejado por escrito en su Currículum Vitae (CV). Siete folios de CV en los que además de su formación y sus distintos trabajos cuenta algunas experiencias personales para darle al documento un tono informal que todavía no termina de tener claro si mejora o empeora el oficialismo que debe tener el asunto de los CV. Por cierto que la mayoría de esos amigos que le dan continuamente consejos laborales llevan años trabajando sin haber terminado si quiera la ESO. Pero ellos tiran de consejos cuya fuente, muchas veces, es “que lo han dicho en la tele”. Y ya saben, si lo han dicho en la tele el argumento va a misa, se confiesa en cabina y vuelve 25 millones de veces. Y de ahí ustedes no les van a sacar. De momento esos amigos que comulgan con la homilía televisiva se han salvado de la gran crisis que, en lo laboral, ha barrido de esperanzas un país entero.

   Por empezar a concretar diremos también que Aurelio trabajó sus últimos 8 años de vida profesional como ayudante de producción en una televisión. De ahí precisamente nuestra amistad: coincidimos trabajando durante esos 8 años. Lo hicimos en una televisión que se apellidaba autonómica y que nació de manos de un hijo bastardo. Un hijo que ya era padre y pudo provocar ese nacimiento televisivo en una autonomía gobernada durante muchos años por un único partido, al frente del cual siempre ha estado el mismo señor. Ni los guionistas de Boardwalk Empire serían capaces de encontrar mejor material para construir su ficción seriada.  En el escenario nacional, es cierto, Aurelio sí ha vivido como el resto de sus coetáneos una alternancia gubernamental: De rosa a gaviota, de gaviota a rosa y, por último, otra vez a gaviota. Y en gaviota andamos ahora estancados. Aunque la flora y la fauna de nuestro entorno natural, esta vez, no es el tema de conversación que más se repite durante los dos cafés que, cada uno, nos tomamos en nuestras respectivas citas los días 15 de cada mes. Hoy hablamos, entre otras cosas, del incidente televisado, radiado y publicado entre un periodista de una cadena de televisión a la deriva y los ex presos liberados de la banda terrorista ETA. Le digo que, en mi opinión, ese periodista se excedió al exigir que los etarras pidieran perdón en ese contexto. No olvides, le argumento, que un periodista en una rueda de prensa es una persona que debe cuestionar cosas, preguntar para aclarar dudas y exigir datos, pero nunca invitar a nadie a que sostenga ciertas posturas. Sea cual sea la postura, y sea cual sea el personaje que tenga delante. Creo que se equivocó porque cuando exigía a los terroristas que pidieran perdón se estaba expresando como ciudadano y no como periodista. Cosa distinta es que preguntes, por ejemplo, por los motivos por los que no piden perdón, si tienen remordimientos o si consiguen conciliar el sueño por las noches. Eso enciende a Aurelio: “pero joder, son unos putos asesinos y se estaban mofando en nuestra cara, ¿es que no ves que les estamos dando todo lo que piden? Mira, el Gobierno dijo que ese acto era ‘repugnante’ y en eso, por una vez, coincido con los mendas, pero lo que no puedo llegar a entender es cómo dejan que se lleve a cabo algo así, y encima en un antiguo matadero como escenario. Cómo pudo celebrarse esa rueda de prensa en la que además los etarras no  aceptaban preguntas. Joder, tío, es que eso entonces no es una rueda de prensa. Es simplemente la lectura de un comunicado. La puesta en escena más cruel que haya visto nunca en esto que tendemos a llamar democracia. Y yo, si hubiera estado ahí, les hubiera dicho exactamente lo mismo. ¿Pero por qué coño no son capaces de pedir perdón?.” Si a mí también me parece asqueroso ese acto, le digo asumiendo parte de su respuesta, pero esa no es la cuestión. La cuestión es si el periodista se excedió en su competencia profesional. Y yo creo que sí. Es más, ese incidente se habría evitado si como tu dices (otra vez me pongo de su lado para que intuya cierta empatía) los ex presos que se reunieron allí hubieran estado solos. Solos, solitos, solos. Una convocatoria de prensa en la que no se admiten preguntas no es una convocatoria para medios de comunicación. No tendría que haber ido ni uno solo de los periodistas que estaban acreditados. Y si van, que pregunten a destajo todos, pero que pregunten a degüello y que planteen dudas, no vale que traten de imponer su postura como si fueran ciudadanos. “Sí, claro, y tú te crees que los editores de los medios van a dejar de enviar a uno de sus redactores. Pues no.” Claro, le digo, ese es el problema. “¿Cuál?” El pues no. ¿Y por qué no pues si? ¿Por qué no el plantón? ¿Por qué no hay unión entre profesionales? ¿Por qué este sálvese quien pueda continuo?. “Pues porque los periodistas siempre habéis tenido esa actitud competitiva por conseguir la mejor exclusiva, por arrimaros al político que -bajo manga- soltara más prenda. Porque además cobráis una puta mierda y a ver quién es el primero que salta y automáticamente se va a la calle. Y calladito y sin mirar atrás que ya daré yo referencias tuyas. Porque se habla poco de la ética y la higiene profesional. Por eso, y solo por eso.” Precisamente por ello, le digo mientras apuro el último sorbo de mi segundo café,  no tendríamos que haber ido a ese puto acto, Aurelio joder. Ya va siendo hora de que nos plantemos todos juntos y empecemos a ganarnos el respeto que hemos perdido entre la sociedad para la que, en la perfecta teoría que se estudia en las Universidades, debiera servir este oficio periodístico.

   Aurelio me mira como cuando en el supermercado de al lado de casa observas una caja de preservativos antes de comprarla: confirmando que sí, que esa noche sí. Presupongo entonces que le ha gustado comprobar que con mis últimas palabras volvía a ponerme de su lado. Él también se ha terminado ya su segunda ración de cafeína. Está removiendo sin mirar el poso que siempre deja el café en el culo de la taza. Como buscando seguir con otro contra argumento para así alargar la discusión. Sin embargo, le digo que ya es hora de terminar esta conversación del día 15 del mes. No es tarde, pero es momento de que cada uno vuelva a sus rutinas de parado. Por supuesto, me voy yo primero. Él, como siempre, se quedará algunos minutos más en el bar anotando algunas “cosas”.

**– Ilustración de Alberto González.

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