Estados de ánimo

   Lo vio y lo escuchó en el informativo de la noche: “Y esta madrugada retrasaremos los relojes una hora. A las 3 serán las 2. La llegada del otoño nos obliga a este cambio horario que, según los expertos, se hace con la mira puesta en el ahorro.” La austeridad, el mensaje de la maldita austeridad otra vez, se repitió asimismo Eduardo.

– Es normal, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades –sentenció su padre en voz alta al tiempo que apuraba su penúltima cucharada de sopa.

– Pero los políticos bien que siguen sin bajarse el sueldo –reprochó su mujer mientras cortaba una cuña de queso-, y viajando en esos cochazos para ir a, a, a…

– Al Congreso, mamá, al Congreso de los Diputados –completó Eduardo.

– La cámara de representación de todos los españoles, Carmen, que no se te olvide nunca, nunca –dijo el padre.

– ¡Tú sí que eres un “representao”! –contestó su mujer en tono de mofa.

   Eduardo recogió el plato hondo de caldo, se levantó de la mesa y avisó a sus padres de que esa noche saldría a tomar unas cervezas con sus amigos.

– Pero a ver a qué hora vuelves, que hoy se cambia el reloj y luego nos engañas –le recordó su padre antes de verlo salir por la puerta principal.

   Tras varias cervezas, varios bares, varias discusiones sobre la crisis y el futuro laboral, y un par de horas después de su hora de vuelta habitual, Eduardo volvió a casa para acostarse. No se molestó siquiera en mirar el reloj.

   Al día siguiente, como cada domingo, se levantó temprano para ir a comprar el periódico. Lo primero que hizo fue atrasar el reloj que llevaba en su muñeca. Marcó la nueva hora. Después se vistió con un pantalón de chándal que su madre le había comprado días antes en el mercadillo semanal, se calzó sus zapatillas de deporte Kelme, cogió dos monedas de un euro y una de veinte céntimos, y salió de su habitación. En el pasillo, antes de salir por la puerta de entrada al piso, vio a su padre, al que saludó con un protocolario “buenos días, papá”. Su progenitor lo miró extrañado, con un gesto dubitativo, como contrariado, y no le contestó. Pensó que quizá su padre estaría enfadado por algún motivo desconocido.

   El día estaba muy nuboso, en contra del pronóstico que, en el telediario, había dado el día antes el hombre del tiempo. Una lluvia fina apenas perceptible emborronaba su mirada, escondida detrás de unas gafas que Eduardo estaba obligado a llevar desde que el óptico le diagnosticara meses atrás tres puntos de miopía. Camino del  kiosco de prensa el joven se cruzó con algunos vecinos, a los que encontró un poco cambiados. Le dio la sensación de que tenían la tez más blanca, como si su moreno habitual se hubiera degradado durante la noche, el pelo ligeramente rubio y su complexión física era más gruesa. No era lo único extraño que le iba a deparar el día.

   Su sorpresa fue mayor cuando, al llegar al  quiosco, no encontró el periódico que semanalmente compraba. Por el contrario, sólo había diarios alemanes, ingleses y algún semanario francés. Ni rastro de periódicos españoles. Aún así intentó comprar alguno, pero se dio cuenta de que todos valían más que los dos euros con veinte céntimos que llevaba en el bolsillo de su pantalón de chándal del mercadillo. Confuso por la situación Eduardo le preguntó al quiosquero por qué no había ningún periódico español sobre el mostrador, si acaso había decidido cambiar su oferta de prensa de una semana para otra por alguna razón especial. Con idéntico gesto al de su padre el quiosquero no contestó y siguió atendiendo a otro cliente, al que se dirigió en una lengua distinta a la española.

   Irritado, y sin ningún periódico bajo el brazo, Eduardo emprendió el camino de vuelta a casa para leer la prensa a través de internet. Ya en su habitación y con el ordenador encendido buscó en la red su diario de referencia habitual. Apenas tardó unos segundos en leer la información de cabecera, enmarcada en un enorme recuadro rojo y con la palabra urgente repartida en varios espacios de la pantalla: “El gobierno se equivoca y en lugar de cambiar las manecillas del reloj de la madrileña puerta del sol cambia la nacionalidad, la lengua y el modo de pensar de sus ciudadanos.”

    Incrédulo, y aún pensando en términos de español progresista, Eduardo salió de su habitación con el corazón acelerado, exaltado por la noticia que acababa de leer. Fue rápidamente a buscar a su padre. Sólo cuando éste lo vio y leyó en el rostro de su hijo el desconcierto y el miedo se lo confirmó.

 – Ja, klar, es ist, weil wir über unsere verhältnisse hinaus gelebt haben

Anuncios

9 comentarios

Archivado bajo Relatos

9 Respuestas a “Estados de ánimo

  1. pilar

    Simplemente, fascinante.Diossssssss de mi vidaaaaaa!!!!!!!!!

  2. Javi

    Para mi, sin duda, es el mejor que has escrito hasta ahora. Es como un sueño que se está haciendo realidad poco a poco. Enhorabuena Á.

  3. Gracias Pilar, y gracias Javi!! Y sí, es cierto, es como un sueño que se va haciendo real, o aún peor ya casi está llegando a niveles de pesadilla. Estados como país, sí, pero también estados distintos de ánimo.

  4. mamuchi.

    Me encanta como escribes y me encanta leerte, chicarrón, eres maravilloso.
    Ese sueño, es tan real como la vida misma, pero no tardará demasiado en dejar de ser “pesadilla”, para convertirse en el sueño bonito que de verdad deseas.

  5. Pequeña Alba

    Este éxodo, será uno de nuestros nexos de unión. Es casi la media noche, y a pesar del reventón, disfruto del silencio (ya tu sah), y una vez más, leyendote. Por cierto, la frase en alemán, le damos al traductor de Google, jajajaja. Besos mil. Te quiero paino

  6. La familia!! Menos mal que estáis ahí al otro lado de la pantalla!! Pequeña Alba aún no entenderá mucho de alemán, lo suyo es más bien el inglés!!

  7. Juan Carlos de Quiros

    Me encanta, parece imposible pero mucho me temo que vamos por ese camino.
    Enhorabuena a tod@s los que llevais este sitio. Gracias

  8. Johng922

    Some really nice and useful information on this web site, also I conceive the style and design holds superb features. dfebeebadbce

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s