Hiperrealidad televisiva

 “La enfermedad de la cultura del siglo XX es la incapacidad de sentir la realidad. La gente se aferra a la televisión, a las películas, a los culebrones, al teatro, a los ídolos del pop. Y estos símbolos les producen emociones, pero en la realidad de sus propias vidas están emocionalmente muertos.” (James Douglas Morrison)

   Quizá esta cita del cantante del grupo californiano The Doors pueda servirnos, de algún modo, para ahondar en lo que se conoce como hiperrealidad televisiva. Jim Morrison hablaba ya en la década de los 60 de una pérdida evidente de percepción de realidad social a través, digamos, de canales tradicionales. Una pérdida que se acentúa aún más a partir de la aparición de la televisión, un fenómeno extraordinario que, desde su nacimiento, va a modificar el porvenir social. Porvenir que veremos cambiar en blanco y negro primero, y en color después. A pesar del crecimiento espectacular de Internet en los últimos años, la televisión sigue siendo el medio con mayor penetración entre el público y, por tanto, el que cuenta con más capacidad de influencia personal. De ahí que este aparato se vaya a convertir desde hace algunas décadas en un poderoso constructor de realidad. Una realidad paralela y que, en todo caso, nos viene mediada no sólo por el aparato en sí (la herramienta para consumir esa información), sino también por quienes han construido el mensaje que en esos momentos se está emitiendo. Esto es, aquellos que han troceado la realidad para después ofrecerla en forma de contenido audiovisual. Por tanto, podemos decir que la televisión va ser el medio a partir del cual el individuo va a construir (o mejor dicho, reconstruir) su entorno social, su contexto inmediato, en el que se cuelan además valores, opiniones, juicios sociales…

   Pero ese concepto de hiperrealidad televisiva alude más bien a la distorsión del mensaje, a la manera en que la realidad de ahí fuera se modifica para encajarla ahí dentro, en la televisión. Porque evidentemente todo lo que acontece en la calle, lo que sucede fuera de nuestros límites, no es al cien por cien adaptable al medio audiovisual. Lo que va a conseguir entonces la televisión es crear unos contenidos bien definidos para su exposición, pero en parte alejados del contenido original. Es el ejemplo de los programas de testimonios (talk show) que tan de moda han estado durante los últimos años. El ejemplo en el que podríamos fijarnos sería el archiconocido ‘El diario de Patricia’. Lo que consiguieron las productoras audiovisuales a través de estos programas es hacer de un acontecimiento personal (la pérdida de una amistad, el noviazgo que se acabó, el primo con el que se enfadó…) un acto social, en el que además existía también un motivo de comunión y comprensión por quien narraba la historia. Incluso si vamos más allá podríamos afirmar que si no hay una cámara de por medio la realidad no tiene sentido, es decir, el hecho que se narra carece de valor si no puede ser expuesto a un público que lo asimile y le otorgue un significado. Esto es lo que el investigador italiano y premio Príncipe de Asturias Giovanni Sartori va a definir en su libro ‘Homo videns. La sociedad teledirigida’ como el pseudo-acontecimiento: el hecho ocurre porque una cámara lo está grabando; pero existe así una parcialidad de la información que consumimos a través del medio televisivo.

La hiperrealidad televisiva ha conseguido que la sociedad acabe sustituyendo su realidad diaria por otra que viene construida a imagen y semejanza de las producciones televisivas.

   Y aquí tenemos un ejemplo muy gráfico que quizá les suene: el discurso-mitin que vemos con una cadencia diaria durante la campaña electoral previa a unas elecciones generales. Tenemos aquí un buen exponente de cómo televisión y política se dan la mano para invitar al público a una emotividad (quizá exagerada, quizá no) que le conduce a un estado de agitación personal. Me refiero al momento en el que el político de turno (cualquiera que sea) sabe que en esos momentos está saliendo por televisión y llegando, por tanto, a millones de espectadores y posibles votantes. Un momento que el personaje en cuestión aprovecha para remarcar su discurso y lanzar aquel gran titular con el que quiere que se queden todos los vídeo oyentes. Está, entonces, partiendo su discurso con la consciencia de que esa frase, esos 45 segundos de publicidad, están siendo retransmitidos por televisión, de manera que todos nos estamos construyendo una determinada realidad, una realidad parcial y enfatizada por ese momento-mitin.

   Lo explica con detalle Gérard Imbert en ‘El zoo visual’ cuando  habla de que la hiperrealidad televisiva ha conseguido que la sociedad acabe sustituyendo su realidad diaria (la que puede tocar o sentir) por otra que viene construida a imagen y semejanza, en este caso del que hablamos, de las producciones televisivas.

   Podemos hablar entonces de un fotomontaje de realidad que, a modo de abanico de imágenes, va a acabar determinando nuestro espacio real y va a acabar conformando también nuestro entorno social. En resumen, podemos retomar otra vez el comienzo de este apartado cuando hablábamos de Morrison. En esa cita, él lo decía bastante claro: “La enfermedad de la cultura del siglo XX es la incapacidad de sentir la realidad”. Esa incapacidad a la que se refiere el cantante norteamericano no es otra que la forma en que las personas nos hemos adaptado a percibir nuestro entorno. Y la percepción viene mediada en todos los casos por un aparato eléctrico de determinadas pulgadas. Nos guste o no, lo creamos o no, ese aparato ejerce en nosotros una influencia determinante. Y lo peligroso es que hayamos dejado de ser conscientes de ello.

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2 comentarios

Archivado bajo Opinión

2 Respuestas a “Hiperrealidad televisiva

  1. Pequeña Alba

    No se quien…., hace cuanto….., también quiso experimentar esa hiperrealidad televisiva. Suerte ( para todos), que tuvo un momento de lucidez. Ya veía yo a mi Mariloli, haciendo campaña, y al segundo de a bordo tres meses encerrado, y no precisamente para llevarse los 50 millones. Ahí lo dejo……..

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