Wake Up!

Wake up!

You can’t remember where it was.

Had this dream stopped?

‘The celebration of the lizard’ (J. Morrison)

   Las tres últimas mañanas había amanecido igual: empapado en sudor, las palmas de las manos enrojecidas y el corazón acelerado. Su boca y su nariz estaban tan resecas que, nada más despertar, le costaba respirar sin sentir el dolor propio de quien tiene una grieta en alguno de los orificios naturales que hay repartidos por su cuerpo. Trató de recordar sus sueños para analizarlos. Quizá una pesadilla, por capítulos, y dividida en tres días sucesivos estaba detrás de esa sintomatología. Pero por mucho que lo intentaba no conseguía acordarse de nada. Su subconsciente estaba limpio, o al menos ese era el resultado que ofrecía su análisis interior. Se sentía totalmente descansado porque dormía del tirón, sin interrupción alguna, y eso era lo que más le extrañaba de todo.

Lo comentó con su mujer durante el desayuno, y tampoco ella alcanzó  a darle explicación alguna. Esa misma mañana, asustado, acudió a su médico de cabecera. El doctor, sin embargo, no pudo ofrecerle más que un diagnóstico contemporáneo y ajustado a las rutinas propias de un comercial de ropa de moda: estrés. Pero él estaba convencido de que el estrés no era la razón: las cosas en el trabajo marchaban maravillosamente bien, de hecho el último ascenso a jefe de equipo comercial le había supuesto un aumento de sueldo considerable, y con ese plus de dinero había podido comprarse aquel todo terreno de alta gama soñado desde siempre. Con Sofía, además, todo iba sobre ruedas y su embarazo los había colmado de felicidad a ambos. El pequeño Berto, que en un mes estaría ya haciéndoles compañía, tendría de todo. No iban a escatimar en compras para él. La habitación del bebé estaba decorada de acuerdo a lo que había dispuesto el interiorista, y toda la ropa para sus primeros meses de vida estaba ya comprada. Tanto él como Sofía eran felices. Lo eran, al menos, al modo en que se entiende la felicidad en el mundo occidental del siglo XXI. Por eso –estaba seguro- el análisis de su médico de cabecera había sido erróneo. Algo fallaba, aunque ni él ni nadie habían conseguido averiguarlo aún.

Decidió darse de plazo una noche más antes de acudir a un médico especialista. Quizá un psiquiatra o un psicoanalista pudieran ofrecerle respuestas –pensó para sí-. Al día siguiente, si los síntomas se repetían, iría a ver a alguno de ellos.

Como hacía cada noche después de cenar rápidamente en la cocina y darse una ducha, se vistió con su pijama de verano. Era una prenda sencilla y de tela muy fina, que había comprado a un precio módico en una gran superficie comercial apenas tres días antes. Pantalón corto negro y camiseta blanca en la que se podía ver un dibujo de una tostadora (con sus tostadas) y leer una leyenda sobreimpresa en inglés: Wake up!. Después de tres días poniéndosela, decidió cortar la etiqueta que llevaba cosida la camiseta y que le rozaba en el costado. Tras ver durante un rato largo la televisión (Sofía y él siempre daban una primera cabezada en el sofá), se fue a la cama con su mujer. Se acostó ladeado mirando a Sofía, como de costumbre. No se imaginaba que aquel iba a ser su último sueño. De saberlo, le habría dicho a su esposa aquellas palabras que (repetidas noche tras noche) parecían ser suficientes para disculpar cualquier pecado y reconciliarse así con el mundo: te quiero, cariño. Pero no, aquella noche se durmió sin mencionarlas.

Aquella noche se durmió, sí, se durmió para siempre. Por supuesto, fue Sofía quien encontró el cuerpo rígido y tendido sobre la cama de su marido. Las manos coloradas y (extrañamente) aún muy calientes, la boca y la nariz secas y con algunas grietas en las que se podían ver restos de sangre seca, el pijama mojado. Sobre la mesita de noche, la etiqueta cortada de la camiseta del pijama. Fue en ella donde Sofía leyó: made in Bangladesh.

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7 comentarios

Archivado bajo Relatos

7 Respuestas a “Wake Up!

  1. Nani

    Eres bueno Al !!

  2. yolanda

    pero esto donde sigue? yo quiero mas!

  3. Mayte

    Hace falta mucha conciencia y tú tienes de sobra, sigue abriéndonos los ojos

  4. pilar

    Me has dejado…….a buen entendedor con pocas palabras bastan.Increíble , un relato maravilloso a la misma vez que triste, podría sacar varias conclusiones …… Espero ansiosa el próximo miércoles.

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